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Las Horas
Antes... y Ahora (Invierno y Verano)
9:30.- Esta mañana no será demasiado complicada. Pondremos las notas de los alumnos de quinto, alguna llamada telefónica y poco más. Está bien así, que menuda semanita que hemos tenido de trabajo... Me asomo a la ventana y miro hacia la sierra. Se ve tan limpia, se siente tan cercana que a una le parece que sólo con deslizar el cristal puedes plantarte allí y caminar entre los pinos. Algunas nubecillas se pasean por sus cumbres, pero son nubes acaloradas que apenas se mueven de tanta desgana como tienen.
Cuadro de Nel Jansen

Tic, tac, tic, tac, tic, tac...
Fatigado el corazón,
arrastra las horas
un oscuro y viejo reloj,
en la penumbra de la sala
donde bordan sus manteles
doña Inés y doña Clara.

10:15.- Dejo preparada una propuesta de beca. Es necesario dejarla hecha para que firme el director del proyecto, que estará ausente durante casi tres semanas. A continuación, comienza la puesta de notas. Entre aprobado y suspenso me río pensando en el desliz que tuvo mi mente esta mañana. Al salir del metro he visto a una chica con un plano de metro de Madrid en la mano. Desplegado como estaba, he leído, en el encabezamiento del plano, 'Plano Esquelético de Madrid'. Y me ha dado por reir porque no es 'Esquelético' lo que pone, sino 'Esquemático'.
Reflexionando, me he dado cuenta de que quizá mi mente no iba tan descaminada. Con el antiguo plano de metro las líneas multicolores se ceñían a la ciudad, con sus curvitas y sus recodos, que nos daban la sensación de plenitud, de una ciudad redonda, amable. Con el nuevo plano del metro, la ciudad se nos ha quedado en los huesos, toda líneas rectas y ángulos de noventa grados. Ahora es una ciudad anoréxica...

Tic, tac, tic, tac tic, tac...
Llegó Noviembre y trajo niebla,
y trajo muerte.
Por las ranuras abiertas
en los sucios ventanales se cuelan,
intrusos invernales:
el frío estremecedor
y el viento huraño,
con su lúgubre lamento.
Ráfagas de lluvia golpean los cristales
tiñendo con triste soledad
las calles y soportales del pueblo.
Cuadro Iedent Pol

12:20.- Las notas ya están puestas. Al salir al pasillo me ha envuelto una oleada de calor. Los despachos están climatizados, pero estos larguísimos corredores tiene una temperatura bastante subidita de tono. Bueno, poco importa el calor. Ya es fin de semana, o casi, y me siento contenta. Este tiempo, aunque aplatane un poco, le sienta muy bien a mi cuerpo. Siempre ha sido así. ¡Viva el verano!
Tic, tac, tic, tac, tic, tac...
-¡Qué oscuridad, Clarita!¡Enciende la luz, que apenas veo!
¡Y aviva el brasero,
que me estoy quedando helada!
El día se tornó muy feo,
mis huesos presienten
que se acerca la nevada.
¿Qué hora es, Clara?
Cuadro: Jason Taco

13:35.- Los chicos se marchan a comer. Miro hacia la autovía de La Coruña. Los coches serpentean incesantemente. A veces tengo la impresión de que es una rueda sin fin y son los mismos automóviles los que pasan, una y otra vez, por el mismo kilómetro. El aire abrasa, a pesar de que una leve brisa sacude las ramas de los árboles.
-Sí que eres quejica, hermana,
deja de parlotear
como pájaro agorero,
que ya deben de ser las dos,
o puede que sean las tres...
¡Con la costura, ya ves,
se nos fue el santo al cielo!
-Entonces pon la radio, Clarita.
-Ya voy, ya, mujer...
13:45.- Una avispa se ha colado por la ventana abierta y vuela, atontada, por el despacho. No le hago caso. ¿Habrá venido a hacer un master de ingeniería? La observo posarse aquí y allá. Debe estar perpleja, preguntándose... pero.., pero..., ¿dónde diantres me he metido? Me dijeron que para llegar a la reunión con las demás chicas, sólo había que cruzar al otro lado, que era todo recto...
Creo que no le ha gustado demasiado el espacio. Tampoco he debido gustarle yo. Ya ves tú, con lo remajísima que soy... Ha dado un par de vueltas más de inspección y se ha largado por donde ha venido. O la Secretaría del Master para Avispas Avispadas estaba cerrada o no la han debido admitir en el curso...

Tic, tac, tic, tac tic, tac...
Doña Clara pincha la aguja
sobre una rosa bermeja,
deja por un instante
sobre la mesa el bastidor de madera
y enciende el receptor
con mano temblorosa,
mientras doña Inés
mira hacia el reloj
que arrastra las horas
sobre el estante.
-Sólo faltan tres minutos
para que sean las dos.
¡Siéntate y escucha, Clarita,
que ya es la hora del Parte!

14:00.- Hora de cerrar. Me marcho. Los pasillos están desiertos. No se escuchan ni los ascensores. Recojo mis cosas, cierro la puerta del despacho y me apresto a enfrentarme al bochorno. A pesar de todo, el paseo hasta el metro no es desagradable si una se va arrimando a la sombra de los árboles. El aire, calentón, te lame la piel. Ay, ay, ay, que está un poco fuera de sí este aire...
Tic, tac, tic, tac tic, tac...
Y en la sala adormecida,
entre hilos de colores,
pájaros en las cortinas,
las tijeras, el rosario,
cuadros de antes de la guerra,
un Sagrado Corazón
y algún que otro relicario,
se esparce con ritmo lento
el eco del noticiero,
y envuelve a las dos mujeres
que han visto caer la nieve
durante más de sesenta inviernos:
Noticias de Radio Nacional de España.
Son las dos de la tarde.
Una hora menos en Canarias...

14:15.- Entro en la estación del metro. El tren se acerca. Se abren sus puertas. En un santiamén, los vagones se tragan a todos los que esperaban, abanicándose, charlando, en los andenes. Me lo imagino como un inmenso gusano que es capaz de atiborrarse de carne humana sin cesar. Come y escupe. Come y vomita. El metro, me digo, es el mayor bulímico del mundo.
Mª del Carmen Polo Soler




